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Simplemente, sentido común por Gabriel Jefferies.

Uno de los axiomas de la comunicación de Paul Watzlawick, se refiere a que el contenido que tiene una comunicación define el tipo de relación y viceversa. Es decir, podemos inferir que por el tipo de comunicación que se establece entre dos personas, estas son una pareja, o una madre con un hijo, o bien se trata de dos perfectos desconocidos. Es lógico entonces que cuando esa relación sufre una crisis o una ruptura, el tipo de contenido de la comunicación cambie.

Del mismo modo, resulta imposible pensar que en el momento por el que atravesamos como sociedad, la comunicación publicitaria o de marketing siga hablando como si nada pasara. No resulta ni efectivo, ni creíble. Como no resulta creíble que en medio de una discusión de pareja, uno de los miembros aparezca con flores de regalo. Primero es preciso resolver la crisis para poder normalizar de a poco las cosas y recién después de eso avanzar con ese tipo de gestos de acercamiento. Es simplemente algo de sentido común.

¿Qué hacer entonces en este momento?

Aplicar la misma lógica del sentido común. Yo sugeriría hacer una revisión profunda del tipo de comunicación de las marcas e identificar los niveles a activar en esta situación: mantener lo funcional, y esperar para actividades promocionales, de branding y mucho menos aquellas “oportunidades imperdibles” que busquen sacar rédito comunicacional de esta situación. Las personas esperan coherencia y consistencia, de modo que si una marca nunca tuvo ningún tipo de contenido en este sentido, este no es el momento de hacerlo, salvo que sienta que es preciso hacer un mea culpa o alguna declaración que vaya en línea con sus principios y valores.

¿Qué hacer hacia adelante?

Tenemos muchas oportunidades para revisar y mejorar lo que hacemos. Desde la definición de las identidades de marca, buscando propósitos reales y honestos más allá de lo financiero; desde el diseño de propuestas de valor, que sean sustentables en el tiempo y no buscando maximizar la rentabilidad de forma depredadora o cortoplacista; desde la segmentación, utilizando los medios de manera responsable en el alcance real a las personas a las que está destinada una campaña; y en los contenidos, incentivando un consumo razonable, que quizás sea una de las principales responsabilidades que nuestra industria ha preferido ignorar durante tantos años.

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